En los últimos cincuenta años se ha conseguido el mayor desarrollo de la historia de la humanidad. La Segunda Guerra Mundial ha marcado un antes y un después en el estado del bienestar, sobre todo en la mayor parte de los países de Occidente. Gran parte de estos países han conseguido, desde los años cincuenta, un progreso en este sentido que nos ha llevado a tener unos niveles máximos de bienestar (desde necesarios hasta inmorales y desmesurados). Evidentemente no es que cada uno de nosotros esté en esta situación, pero estamos formando parte del “Sistema” que crea nuestras necesidades para mantenerse. Es como una “gran ente” que nos proporciona necesidades que cubrir constantemente porque es lo que necesita para engordar y crecer, como estrategia para garantizar el consumo a largo plazo. Solo que es una pequeña parte de la sociedad la que provoca y aprovecha este “engorde” buscando el beneficio económico y el poder, sin pensar en las consecuencias que ocasiona esta “sobrealimentación”. A esto se llama consumismo.

Por una parte, en la actual crisis ha quedado meridianamente claro que para mantener nuestro actual sistema del “bienestar” tenemos que consumir. ¿El qué?. Todo lo que ofrece el mercado, porque de ello depende el bienestar de las personas que trabajamos y nuestras familias. Una vez alcanzadas las necesidades básicas, y motivada por los intereses económicos, toda sociedad humana se incorpora al consumismo como una especie de“nueva religión”, dentro de la llamada “globalización del sistema”. Por otra parte, el consumismo lleva implícito el abandono. ¿Cuantas veces hemos comprado algún producto estando aún en buen uso el que sustituimos? Coches, teléfonos móviles, electrodomésticos, equipos de música… Esto es lo que llamamos Obsolescencia percibida, producida por los efectos de moda, tendencia, innovación… Estos objetos que abandonamos, en mucho casos se reciclan para volver al mercado y en otros pasan a formar parte del paisaje, contaminándolo.

Esto me lleva a una reflexión sobre el olvido, abandono y decadencia al que, como consecuencia del consumismo, somete el interés económico a las personas, máquinas y entornos. Así pues, en este trabajo en el que podemos comprobar que la sociedad es promotora y víctima a su vez del consumismo, expondré algunos resultados de esta actividad humana en entornos naturales y sobre las personas. Sobre como el consumismo nos hace crear y destruir continuamente según nuestras necesidades.

Emilio Andrés Codina >
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